Un sugestivo alegato a favor de la libertad individual y una útil herramienta para enfrentarse con éxito a los embates del gregarismo colectivista patrocinado por la izquierda. Aunque tal vez el mejor argumento para recomendarlo sea que “Pep” Rubianes jamás lo compraría.
Hablamos con Pablo Molina, autor de La dictadura progre. Apuntes de un reaccionario.
Dice el diccionario de la RAE que progre es sinónimo de progresista, aquel que es de ideas políticas y sociales avanzadas enfocadas a la mejora y adelanto de la sociedad. ¿Algo que objetar?
No. Estoy de acuerdo en que ésa es la definición canónica del progreso tal y como lo entendemos en las sociedades occidentales. El problema es que los que se envuelven en la bandera de ese supuesto progresismo, lo que realmente hacen es divulgar unas ideas contrarias a lo que ese progreso se supone.
¿Esa es precisamente la razón por la que ha titulado su libro La dictadura progre?
En parte sí, porque todo este magma contracultural está tan extendido por los medios de comunicación, por los ambientes intelectuales, por la educación y demás, que actúa prácticamente como una dictadura silenciosa. Es muy raro, y en algunos ámbitos un rasgo de heroicidad, que alguien enarbole estos principios que son los que tradicionalmente han defendido las clases conservadoras. Al hablar de dictadura, evidentemente no estoy hablando de un sistema político al uso, como se entiende normalmente, sino a esa especie de medio ambiente cultural opresivo que trata de imponer sus dogmas como una verdad de fe.
En su opinión, por tanto, ¿la dictadura progre es la responsable de lo que algunos llaman división de España?
Hombre, en parte así es; quiero decir que los efectos de esta cosmovisión progre son tan disolventes que cuando se ponen en práctica, sobre todo cuando se llevan a la práctica desde el poder, pues ocasionan todo este tipo de cataclismos sociales. Es lo típico del pensamiento adolescente, de gente que a pesar de ser más bien talludita, sigue con los rasgos típicos y las conductas de los adolescentes. Claro, la diferencia es que los adolescentes, aunque hagan muchas barbaridades, siempre están sus papás detrás que alfinal lo solucionan; el problema es cuando a los de pensamiento adolescente los pones a dirigir a
la novena potencia mundial, el desaguisado puede se monumental y así lo estamos viendo.
¿Qué le sugiere la palabra "talante"?
Talante es un sustantivo y no un adjetivo como lo utiliza nuestro querido presidente del gobierno, Zapatero. Talante además es una palabra que la primera vez que se utilizó en la política española lo hizo José Antonio Primo de Rivera. El talante es un dogma más, es un mantra más que sirve para camuflar todo tipo de cosas: en fín como tenemos talante pues todo nos está permitido, aunque estamos a la espera de que alguien nos defina talante como adjetivo y en qué se traduce.
Llega la Navidad, ¿Le reconforta no volver a ver colgados por madrid los mensajes de la sra. Lootz?, ¿Es un consuelo?
Pues sí es un consuelo no pequeño; aunque nunca se sabe lo que nos tiene preparado nuestro querido alcalde, en fín esto puede ser la calma que precede a la tempestad porque, y puede ocurrir cualquier cosa. Dios nos pille confesados.
¿Por qué hay que leer La dictadura progre?
Porque es un libro muy bueno. De hecho es de lo mejor que he leído en los últimos años. Creo que es una obra fundamental para el desarrollo de la cultura occidental y además se cumple una labor social muy importante que es el que yo gane dinero. Es simplemente el esfuerzo de un escritor novel que ha intentado poner en un libro sus ideas y su crítica a un mundo postmoderno y hacerlo con sentido del humor, por lo que espero que estén o no de acuerdo con lo que ahí pone, quienes lean el libro al menos pase un rato agradable y se ría en alguna ocasión.
Es un regalo inmejorable no debe faltar estas navidades.
Por último, ¿Cómo ve Pablo Molina la España de hoy?
Pues España siempre está mal y siempre está bien. A mí me parece un país precioso y en fin lo que pasa ahora mismo es una crisis que será pasajera, tampoco conviene dramatizar demasiado las cosas. El problema es que algunas cosas que se están haciendo en política territorial van a tener difícil marcha atrás; pero los españoles, si sobrevivimos a Fernando VII y a Felipe González, pues esto tampoco va a ser tan duro. Pasaremos la prueba.